Misterios del Románico. Ruta I.

El arte románico se expresa con contundencia en muchas de las iglesias y ermitas de este territorio. En la mayor parte, su origen coincide con el de muchos de nuestros pueblos. Algunas se construyeron sobre otras anteriores, de la época visigoda, y otras son el resultado de un sinfín de reformas y ampliaciones que han alterado su fisonomía.

visitalasmerindades.es sugiere una visita virtual por los templos románicos más representativos de Las Merindades, lo que puede convertirse en una auténtica aventura.

Algunas de estas iglesias se hallan en lugares despoblados, alejados de los núcleos de población. Cuando se encuentran en pueblos, es muy posible no encontrar en ellos a persona alguna. En algunas ocasiones, la llave para poder acceder al interior la tiene un vecino más o menos dispuesto a facilitar al visitante la entrada. Y solo en muy pocos casos, la visita está organizada.

Es preciso entender esta situación para disfrutar de lo que los artistas medievales nos legaron. Y resulta extremadamente sugerente perderse de valle en valle en busca de una u otra iglesia. Una auténtica aventura que, tomada como tal, colmará a buen seguro las inquietudes y la capacidad de sorpresa del viajero.

Aquí, en Las Merindades, el arte románico, en todas sus enigmáticas expresiones, tiene una amplia dimensión. Vinculados al origen de muchos de los pueblos que surcan este territorio, sus templos enraízan en la tradición mistérica más profunda, y sus símbolos nos ponen en contacto con cultos universales de origen prehistórico.

Existen diferentes modos de afrontar el mensaje de estas manifestaciones, universalmente emocionante. Por un lado, el formal, centrado en la descripción de todos y cada uno de los elementos arquitectónicos o escultóricos. Meros formalismos intrascendentes a nuestro modo de ver. Otro, para nosotros más interesante, trata de relacionar escuelas, maestros, manos de artistas en definitiva. Aporta aspectos técnicos, incluso simbólicos… Y aún otro, más sugerente aún y que pone en relación los aspectos formales y simbólicos con el pensamiento y los cultos precedentes y que nos explica buena parte de nuestro presente. Es sin duda, a nuestros ojos, la esencia de la tradición, la pervivencia de las creencias a través de la sacralización de ritos paganos… Y mucho más.

visitalasmerindades.es te ofrece una oportunidad de desentrañar algunos de estos mensajes que, destinados a los antiguos habitantes de estas tierras occidentales, se hallan escritos en esas piedras tan difíciles de interpretar hoy en día.

Contextualizar los espacios y los tiempos es imprescindible para tal fin. Hacerlo nos conduce irremisiblemente a la función para la que estos espacios sagrados fueron construidos: extender la palabra de Dios por el mundo. El resto de las interpretaciones se nos antoja inverosímil.

El caso es que, a los pies de un gran castro de la Edad del Hierro, situado en las proximidades de las actuales localidades de Momediano, Perex y Paresotas, surge de entre la vegetación la ermita de Santa Petronila, también llamada de Nuestra Señora del Castro. El lugar es extraordinario.

El templo es sencillo pero, sin embargo, su ábside nos aporta los elementos suficientes que justifican bien una reocupación medieval del lugar, bien una continuidad ocupacional del mismo. Es una constante en estas tierras. La yuxtaposición del cristianismo sobre las tradiciones precedentes se produce, en muchos casos, en un periodo de reocupación de los ancestrales espacios castrales. Esta sobreimpresión  cultural lleva implícita la incorporación de los simbolismos previos a los “nuevos tiempos”, lo que nos permitirá rastrear las creencias “paganas” de nuestros primitivos pobladores.

Parecido ocurre en muchos lugares de las Merindades que iremos desgranando a lo largo de este artículo. Es el caso de la ermita de San Pantaleón de Losa. Aquí, una lápida incrustada en el interior del muro meridional fecha su consagración en el año 1206.

En la ermita de San Pantaleón, que tiene un valor añadido procedente del enigmático mundo de las leyendas griálicas, las piedras han dado lugar a diferentes interpretaciones. Sin duda, la figura de un Atlante flanqueando la puerta del templo ha sido una de las más cuestionadas: un atlante, Sansón… Sin embargo, la más pausible de todas ellas es, a su vez, como casi siempre en el románico, la más evidente: ¿por qué no el propio San Pantaleón? La vida y milagros del santo parecen brotar de cada uno de los capiteles y canecillos con que el templo se reconvierte en un libro abierto de hagiografia que narra, entre otros, los seis martirios de San Pantaleón: el plomo fundido, el ahogamiento en el mar, la tortura en el potro, en la rueda, arrojado al fuego y atravesado con una espada hasta que finalmente fue decapitado.

Por lo tanto, y desmitificados, al menos en parte, los simbolismos románicos, nos quedamos preferentemente con la función catequizadora de estas representaciones. En el fondo, nada especialmente diferente a los libros de texto de hoy en día, donde una imagen vale más que cien palabras.

En san Pantaleón, el paisaje es un importante valor añadido. La peña Sociruelos, que sortea el río Jerea por medio de un imponente meandro, resultaba idónea para la ubicación tanto de un castro como del poblado medieval. Algo tan sencillo como necesario, el suministro de agua o el de pastos para el ganado, estaba tan garantizado como  la propia seguridad de sus habitantes. Eran, sin duda, tiempos peligrosos.

Como lo habían sido, siglos antes, con la presencia de los romanos en estas tierras, una presencia que tuvo más intensidad de lo que comúnmente se ha considerado. Así lo certifican la calzada que discurre por el valle de Losa y, de manera muy especial, la villa de los Casarejos, cerca de San Martín de Losa, cuyos restos permanecen incomprensiblemente abandonados junto a la carretera que desde Quincoces de Yuso conduce a Berberana y que, desde visitalasmerindades.es invitamos a conocer.

Esta de los Casarejos es el yacimiento arqueológico de origen romano más significativo de cuantos se han estudiado en este territorio. El complejo parece que fue construido a mediados del siglo IV, en los últimos momentos del imperio, con todos los elementos que caracterizaban el lujo de estas construcciones: ricos mosaicos, baños termales….

 Su localización está en obvia dependencia de la Calzada Flaviobriga Uxama Barca, que con unos 115 km de desarrollo comunicó la actual Castro Urdiales con la alavesa Veleia. Aunque buena parte de esta vía se encuentra en la actualidad oculta bajo fincas o maleza, es posible identificarla fácilmente en otras zonas.

Por si la ruta no hubiera despertado el interés de los viajeros, no debería obviarse otra importantísima huella de nuestros más remotos antepasados. Nos referimos al castro de Robredo, un gran yacimiento de la edad del hierro, también abandonado y olvidado, que nos permitirá comprender buena parte de nuestra historia, incluida la presencia de iglesias románicas en el entorno. Y del que, por cierto, dependerían el resto de castros, de más reducido tamaño, de la zona, como el de San Pantaleón.

Llegar al castro de Robredo es relativamente sencillo desde Quincoces de Yuso por medio de pistas forestales. Un pequeño paseo nos permitirá adentrarnos entre los restos de paredes y murallas del que fuera un gran castro. Un castro que, a buen seguro, entró en contacto con las tropas romanas.

De vuelta a Quincoces de Yuso  con el objetivo de continuar la ruta preestablecida, la carretera nos conduce hacia el oeste, rumbo a Castrobarto. 

Es una pena no disponer de todo el tiempo que sería necesario para entrar en más detalles: el alto valle del Jerea, la arquitectura tradicional de Losa, con magníficos exponentes en Lastras de la Torre, Villabasil, Castresana o Villaventin, o las enigmáticas loberas de Villabasil, Perex o la del propio Castrobarto, localizada en uno de los lugares más recónditos de Las Merindades. Todas ellas vinculadas en su origen a los primitivos pobladores de los que venimos hablando… Innumerables posibilidades para detenernos y alargar a voluntad nuestra experiencia.

Superada la “Loma” la carretera llega a Castrobarto. El nombre lo dice casi todo. En el lugar se edificó una torre en la Edad Media para el control fiscal del territorio. La estrategia y el control del territorio han sido siempre característicos del poder. Estamos en la Junta de Traslaloma.

Los restos de la torre, cuya propiedad secular del linaje Velasco se alternó puntualmente con los Salazar, dan un poco vergüenza por su estado de lamentable abandono. Esta es también, por desgracia, una secuela del descreimiento y de la despoblación de esta tierra.

Dos pequeñas aldeas restan para llegar a Colina de Losa: Las Heras y Lastras de las Heras. Ambas se sitúan en las laderas de la sierra, bien protegidas de los vientos del norte. Y ambas podrían haber surgido de otro castro ubicado en las proximidades. Sus pequeñas iglesias conservan el sabor del románico más sencillo y rústico.

Ventana axial de la iglesia de Lastras de las Heras.

La iglesia de la expectación de Nuestra Señora, en Colina de Losa, guarda una de las  obras más singulares, a nuestro juicio, del románico burgalés; se trata de su portada, una joya tallada con un tratamiento y finura poco común es esta tierra, lo que probablemente pueda ser debido a algún taller local. Además de la iconografía, en la que alternan representaciones mitológicas con escenas evangélicas, destacan los acabados de algunos fustes que singularizan de un modo tan especial este conjunto que resulta extremadamente difícil adscribirlo a cualquiera de las escuelas tradicionalmente establecidas en la comarca.

Desde Colina, una pista agraria asfaltada conduce directamente a Tabliega. Su actual iglesia de San Andrés fue una abadía fundada en 1023 por los hermanos Flavio, Tello y Martín Preste. Casi inmediatamente la donaron al monasterio de Oña a cambio de la salvación de sus almas y de algunas propiedades en Mena, en Soba y en Valdivielso. A pesar de ello, lo que conserva de románico el templo corresponde al siglo XII.

La iglesia, con planta en cruz latina, ha tenido dos importantes modificaciones que han alterado sustancialmente la fábrica original. De un lado la torre y de otro el atrio, cuya construcción esta datada en la propia cartela de la entrada.

El ábside, sin duda, la parte más interesante del templo y la talla de sus canecillos, de excelente factura, es comparable a la de San Pedro de Tejada, iglesia con la que, de no haber existido alteraciones estructurales, mantendría importantes parecidos formales.

A escasa distancia de Tabliega, concretamente en Bárcena de Pienza, se localizan los restos de otro templo cuyas trazas denotan un pasado de entidad. Los restos del que debió ser un magnífico templo al decir de la calidad del ábside que se conserva, forman parte del cementerio de la localidad. Y, entre los sillares amarillentos de la arenisca con la que se construyó, sorprende que tanto capiteles como canecillos estén tallados en caliza blanquecina, lo que les otorga un mayor esplendor.

Las tallas del exterior están desgastadas por el paso del tiempo y las inclemencias meteorológicas. Representan soldados, rostros, elementos mitológicos…

Los del interior, donde la talla es de notable calidad, se conservan en casi perfecto estado. Sobresale un capitel que representa dos unicornios sujetados por un personaje. Desde un punto de vista estilístico, tanto la tipología como los acabados nos parecen relacionados con los de Santa María de Siones, en el valle de Mena.

Para continuar con la ruta planeada es preciso regresar hasta Tabliega y continuar por la carretera que nos conduce a La Cerca, después de pasar por pequeños y singulares pueblos como Recuenco y la Riba que seguro no nos dejan indiferentes.

Las llanuras que se extienden a los pies de este último esconden otro importante yacimiento romano, el de Salinas de Rosío, asociado a la explotación salinera y la calzada romana que ya hemos citado.

En la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, de La Cerca, entre restos románicos de diversa entidad, sobresale un Pantócrator policromado de extraordinaria calidad, que preside el interior del ábside. Aunque su estado de conservación no está a la altura de su calidad, su visita se nos antoja imprescindible.

Con el damos por finalizada esta ruta por las tierras centro occidentales de las Merindades y su románico.

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