Genealogía y fuentes documentales de Las Merindades.

 

Con frecuencia, la historia de nuestros pueblos reposa en viejos arcones ocultos en las húmedas sacristías de sus iglesias. En legajos de difícil comprensión, casi siempre olvidados por sus propios protagonistas, los vecinos. A lo largo de muchos años de investigaciones nos hemos topado con un sinfín de situaciones que nos han permitido comprender muchos porqués.

Recuperar la información de esos documentos, desde distintos puntos de vista, es recuperar nuestra propia historia para poder generar nuestra identidad.

Son muchos quienes, a través de la genealogía, la heráldica u otras ramas más reconocidas, aunque no más efectivas, tratan de contribuir a esa parcela del  conocimiento. Pocos tan tenaces y constantes como el autor de este singular reportaje que, oriundo de estas tierras sin saberlo, se reencontró con sus orígenes al realizar su árbol genealógico. Su anónima y callada labor, junto a varios colaboradores de Las Merindades, están contribuyendo decisivamente al desarrollo de la genealogía, no sólo en Las Merindades, sino también en el resto de España.

Este reportaje nos invita, con un estilo directo, personal y emocionado, a iniciar la gran aventura de nuestra propia genealogía.

Cuando uno visita estas tierras de Las Merindades de Castilla y se adentra en sus pueblos y paisajes, queda prendado de inmediato de la belleza de su inmenso patrimonio cultural, arquitectónico y natural que conforma cada uno de sus rincones, profundamente ligados al nacimiento de Castilla y a sus gentes. En mi opinión estamos ante una de las mayores fuentes de riqueza genealógica, no solo de Las Merindades, como es obvio, sino de España e Hispanoamérica.

Seguramente habrá oído hablar e incluso conocerá a personas con apellidos que tienen un topónimo de alguna de las poblaciones de estas tierras. Son muy  frecuentes, entre otros, los Salazar, Pereda, Bocos, Huidobro, Andino, Arroyo, Vivanco, Angulo, Mena, Incinillas, Villarán, Baranda, Bárcenas, Céspedes, Rosales o los Vallejo. Algunos de estos apellidos los puede encontrar, en muchos casos, solos y en otros unidos a algún patronímico.

La RAE define patronímico como el apellido que antiguamente se daba en España a hijos, formado a partir del nombre de sus padres; por ejemplo, Fernández, de Fernando; Martínez, de  Martín. Entre los más frecuentes de estas tierras están los Díez o Diaz, los ya nombrados Martínez y Fernández. A simple vista no parecen más que anécdotas, pero lo cierto es que nos aportan valiosas pistas sobre los orígenes de nuestros antepasados y, sobre la impronta de los linajes castellanos a lo largo de nuestra comarca…

Para poder comprender cómo se han conformado los apellidos en Castilla, es necesario hacer algunas consideraciones en torno a su uso y costumbre a lo largo de la historia. Como bien explica Jaime de Salazar en su obra Génesis y evolución histórica del apellido en España, su transformación comienza a partir del último tercio del siglo IX, cuando los nobles empiezan a firmar con su nombre de pila, seguido del de su padre en genitivo latino y de la palabra filius (hijo); por ejemplo, Vermudus Ordonnii filius. Hay que tener en cuenta que hasta el siglo XIII la mayor parte de la  ocumentación oficial se realizaba solo los magnates o la nobleza usaban apellido. Como indica Jaime de Salazar, “los miembros del estado llano tardarán todavía un siglo en hacerlo. Es algo así como decir que en aquellos tiempos primitivos sólo los nobles eran hijos de alguien, ¿tal vez antecedente de la futura denominación de hijodalgo?”.

La RAE define al hidalgo como: “Persona que por su sangre es de una clase noble y distinguida”.

Empieza, al mismo tiempo, a simultanearse con otra menos oficial, sustituyendo  ir asentándose como costumbre en el apellido patronímico en España.

En la segunda mitad del siglo XII aparecen con nombre y apellido patronímico las personas citadas en los documentos, y se empieza a utilizar la añadidura del señorío o el lugar de origen para distinguir los linajes, pero aún debería transcurrir un siglo más, para terminar quedando asentado definitivamente en la segunda mitad del siglo XIII. A lo largo de este siglo y el XIV se va perdiendo el sentido originario del patronímico y en estas tierras castellanas donde la gran parte de las familias eran hidalgas, todavía mantienen la costumbre onomástica de fijar un patronímico de algún antepasado relevante unido al topónimo de alcuña o linaje. Se puede observar con claridad en documentos dejes utilizan diferentes patronímicos para diferenciar unas ramas de otras. Por ejemplo, Díez-Trechuelo, González-Trechuelo o Ruiz-Trechuelo, Díez de Andino, Ruiz de Andino o González de Andino; con frecuencia se dan casos de hermanos que mantienen su topónimo pero diferente patronímico.

Durante los siglos XV y XVI, toman gran  relevancia las familias nobles, y entre ellas se asientan con fuerza en los linajes la utilización del patronímico indistintamente al nombre del padre, empezando a fijar la costumbre de poner a los hijos el patronímico del antepasado que se quiere honrar, o del que se hereda mayorazgo, llegando a prevalecer unos sobre otros dependiendo del orden en el que se nace. Un caso así se da en el linaje de los Velasco, donde se ve claramente cómo en la rama principal, por la línea de varón, queda asentado el patronímico de Fernández, mientras en los secundarios aparecen el Gómez, Ruiz, Sainz o simplemente Velasco. En el caso de las mujeres, al unirse a otros linajes, conforman apellidos tales como Pereda-Velasco o Rueda-Velasco.

Abundando en este ejemplo podemos ver con claridad la evolución desde Hernán Sánchez de Velasco, de mediados del siglo XIII; su hijo Sancho Sánchez de Velasco, Adelantado Mayor de Castilla y I Señor de Medina de Pomar, de finales del siglo XIII; el hijo de este Fernán Sánchez de Velasco, II Señor de Medina de Pomar, de principios del siglo XIV; su hijo Pedro  del primer cuarto del siglo XIV; su hijo Juan Fernández de Velasco, I Conde de Haro, de finales del siglo XIV, con lo que queda asentado el patronímico Fernández en la Casa principal de Velasco. El bisnieto de Juan, Pedro Fernández de Velasco que fue III Duque de Frías y IX Condestable de Castilla, publicó un libro llamado “Origen de la Ilustrísima Casa de Velasco”, de él se puede extractar el siguiente texto, “Fernando Velasco que está en la confirmación de otro privilegio que dio el conde Garci Hernández, hijo del conde Fernán González, al monasterio de San Pedro de Cardeña; y de este Fernando Velasco es de quien tomaron el Fernández los Velasco, que muchos de este linaje se llaman después del nombre por sobrenombre Fernández y después el apellido de Velasco”. 

Inscripciones como éstas emocionan a quién las observa. Más si uno es descendiente o pariente de quien ella aparece.

Abundando en este ejemplo podemos ver con claridad la evolución desde Hernán Sánchez de Velasco, de mediados del siglo XIII; su hijo Sancho Sánchez de Velasco, Adelantado Mayor de Castilla y I Señor de Medina de Pomar, de finales del siglo XIII; el hijo de este Fernán Sánchez de Velasco, II Señor de Medina de Pomar, de principios del siglo XIV; su hijo Pedro  del primer cuarto del siglo XIV; su hijo Juan Fernández de Velasco, I Conde de Haro, de finales del siglo XIV, con lo que queda asentado el patronímico Fernández en la Casa principal de Velasco. El bisnieto de Juan, Pedro Fernández de Velasco que fue III Duque de Frías y IX Condestable de Castilla, publicó un libro llamado “Origen de la Ilustrísima Casa de Velasco”, de él se puede extractar el siguiente texto, “Fernando Velasco que está en la confirmación de otro privilegio que dio el conde Garci Hernández, hijo del conde Fernán González, al monasterio de San Pedro de Cardeña; y de este Fernando Velasco es de quien tomaron el Fernández los Velasco, que muchos de este linaje se llaman después del nombre por sobrenombre Fernández y después el apellido de Velasco”. Se puede ver claramente en los documentos de esta época que el apellido era, como hemos dicho con anterioridad, el del linaje. Jaime de Salazar también nos comenta con acierto que cuando un personaje utilizaba varios  apellidos, sólo figuraba entre ellos un patronímico, el situado inmediatamente después del nombre de pila. Podemos ver, como ejemplo de utilización de varios apellidos, cómo don Pedro Díez de la Peña, Saravia de Rueda, Varona y Salinas, que fue Capitán de los doscientos Caballeros Hijosdalgo con que las Merindades acudían al Real Servicio de Su Majestad, utilizó sólo el patronímico del primer linaje, y no como hubiéramos puesto en nuestros días, don Pedro Díez de la Peña, Fernández de Saravia, López de Rueda, Fernández de Varona y Ruiz de Salinas. También podemos ver otro ejemplo similar en el caso de su mujer, doña María Gómez de Isla Vivanco, Isla, señora de la Casa de Isla sita en Villalaín, donde es el apellido del mayorazgo el que prima. A nuestros ojos actuales debería haberse apellidado “Vivanco” como su padre don Diego de Vivanco Isla. Sin embargo, heredó mayorazgo por su madre María Fernández de Isla, señora de la Casa de Isla, hija de don Pedro Fernández de Isla, señor de la Casa de Isla, sita en Villalaín, hijo este a su vez de don Gome Fernández de Isla, Señor de la Casa de Isla, del que tomó el patronímico su bisnieta,  doña María Gómez de Isla.

En las clases populares, por el contrario, se suprimía casi en su totalidad esta costumbre, y se mantenía solamente  el apodo, el oficio, o fijando el patronímico. Es poco frecuente en la nobleza castellano eonesa el uso del apodo como forma de apellido y nada la del oficio.

Es inevitable tener la tentación de pensar que todos y cada uno de los apellidos que tienen un topónimo relacionado con una población de Castilla la Vieja, desciende directamente de ella. Se puede tener un apellido de carácter toponímico que seguramente haya tenido alguna relación con la población de origen sin que el antepasado investigado descienda directamente de ella. Aún así, puede aportarle algunas pistas de por dónde  pueden venir sus antepasados y que le animen a profundizar en la genealogía, uno de los campos que a mí personalmente más me apasionan.

Son muchos los personajes y linajes ilustres que están relacionados con el nacimiento y expansión de Castilla y por ende de España por el mundo. Los puede encontrar en las ciencias, las letras, la política, la guerra… Quizás los linajes más conocidos de Las Merindades sean los ya comentados Fernández de Velasco, que fueron Condestables de Castilla, y los Salazar, enfrentados con los primeros durante las llamadas guerras banderizas. Pero no podemos olvidar a muchos otros como los Porres, Medinilla, Alvarado, Isla, Saravia, Rueda, Mena, Ondovilla, Díez de la Peña, Sainz de la Peña y Ruiz de la Peña, Ordoño-Rosales, Alonso de Celada o Valdivielso- Morquecho. Hoy en día se ha visto acrecentado el interés, que ya desde antiguo ha tenido el ser humano, por la búsqueda de sus ancestros, para responderse a preguntas tales como ¿quiénes eran?, ¿cuál era su profesión?, ¿dónde vivían? y ¿cómo lo hacían? ¿Cuántos hijos y matrimonios tuvieron? Si estas preguntas son de su interés o le mueve la curiosidad, espero poder ayudarle y animarle con unos breves pasos para empezar en su búsqueda. El éxito de esta aventura que está a punto de iniciar, o quizás ya lleve un tiempo realizando, depende de su constancia, ilusión, orden y paciencia. La diversión está garantizada, ya que las posibilidades son infinitas. Para que se haga una idea, siempre habrá de multiplicar por dos cada persona por generación. Parece sencillo ¿verdad? Sin embargo, los números que le aparecerán serán de vértigo: un hijo, dos padres, cuatro abuelos, ocho bisabuelos… ¡y esoson cuatro generaci ones! Cuando llegue al siglo XVI verá que habrán pasado aproximadamente 15 generaciones, con una media de 30 años entre ellas y un total de 32 767 individuos, contando consigo. ¡No se asuste! Seguramente muchos de esos abuelos serán los mismos, tiempo al tiempo, ya lo descubrirá.

Ahora al grano, ya sea si lo que busca es sólo cubrir el hueco de la curiosidad o va más allá y quiere hacer un estudio profundo y serio.

En primer lugar hágase con un buen cuaderno de notas. Le recomiendo que lo tenga siempre consigo a lo largo de esta aventura, junto con un ordenador que pueda utilizar como soporte para colocar todos los datos que vayas obteniendo.

1- Hijo Primera generación
2- Padres Segunda generación
4- Abuelos Tercera generación
8- 2º Abuelos Cuarta generación
16- 3º Abuelos Quinta generación
32- 4º Abuelos Sexta generación
64- 5º Abuelos Séptima generación
128- 6º Abuelos Octava generación

256 – 7º Abuelos Novena generación
512 – 8º Abuelos Décima generación
1024 – 9º Abuelos Décimoprimera generación
2048 – 10º Abuelos Décimosegunda generación
4096 – 11º Abuelos Décimotercera generación
8192 – 12º Abuelos Décimocuarto generación
16384 – 13º Abuelos Décimoquinta generación

Hay muchos programas informáticos de genealogía que puede utilizar; yo le recomiendo dos: el PAF (iniciales de Personal Ancestral File) y el FAMILY MAKER. Utilice también fichas genealógicas y esquemas genealógicos para poner toda la información que recopile. ¡Bien! Ya estamos preparados para empezar. Escoja uno de sus apellidos, ya sea el que más le guste, el que más curioso le parezca o el primero, que es el de la línea recta de varón, y utilice la técnica de la mancha de aceite, de lo más cercano a lo más lejano. Es importante que, sobre todo al principio, se mantenga centrado en ese apellido y no empiece a dar saltos de uno a otro. No será nada eficiente y además siempre podrá empezar de nuevo por otro. Existe una excepción a esta regla que es importante que tenga en cuenta, sobre todo a la hora de buscar en los libros parroquiales. Le recomiendo que explote al máximo cada uno de ellos. Por ejemplo si encuentra la partida de Bautismo de un antepasado en un libro que recoja datos de más de 100 años, es probable que estén también los padres y abuelos de su antepasado, así como sus hermanos. Comience por recopilar toda la información que pueda de sus fuentes orales y como es lógico empiece por usted mismo. Recuerde: cada dato es un  tesoro, cuantos más tenga, más rico será.

Hay tres eventos principales en la vida, y en la genealogía como base también: nacimiento, matrimonio y defunción. Es imprescindible ir siempre al detalle. Recoja fechas, lugares y toda la información que encuentre de cada uno de ellos. Continúe haciendo preguntas a su núcleo familiar más cercano (padres, abuelos, tíos, primos). Le aportarán gran cantidad de datos que probablemente no sean muy precisos, pero tendrán gran relevancia, ya que serán de transmisión oral y es muy probable que no los encuentre documentados. Aproveche al máximo la sabiduría de sus mayores, son fuentes magníficas de información y le darán muchas pistas a cerca de por dónde buscar. Se encontrará con todo tipo de anécdotas familiares, algunas agradables y otras no tanto. No deja de ser su familia, y aquí no se trata de descender del Cid o de un rey, que puede que también sea así, sino de saber más sobre los orígenes de cada uno de ellos.

Si agota todas sus fuentes orales y está seguro de haber conseguido toda la información necesaria, es la hora de ir a por las fuentes documentales. Para ello le propongo que se organice bien. Márquese un itinerario o plan de viaje. Sí de viaje, ha oído bien, porque en esta búsqueda hacia sus orígenes va a viajar, y mucho. Visitará los pueblos de sus antepasados, conocerá sus costumbres y a muchos de sus parientes; hará amistades y espero que disfrute de cada segundo de su aventura.

Ahora toca poner negro sobre blanco buceando en los archivos, a la búsqueda de toda la información que contienen los documentos oficiales. Le propongo comenzar por dos de las fuentes documentales principales: los Registros Civiles y los Archivos Eclesiásticos. Ambos tienen mucha relevancia, pero antes de que se ponga a viajar le quiero resaltar dos puntos que son muy importantes: primero, la información que debe de recopilar en cada uno de ellos y que, como ya le he comentado con anterioridad, se debe a los tres eventos principales que quedan registrados en la vida. En ellos podrá encontrar el nombre y apellidos de la persona o personas, fecha, lugar, padres, cónyuge, testigos, padrinos, párroco, profesión, hijos… Tesoros, muchos tesoros. Segundo, la información con la que comenzó, que es principalmente de transmisión oral, probablemente no sea muy exacta, ya quenuestra memoria es cor ta, la mayoría de las personas no recuerdan más allá de susabuelos, y además se ve transforma da por la percepción que tenemos de las cosas, de las experiencias que vivimos o que nos han contado que vivieron nuestros antepasados. Es muy probable que en los registros encuentre datos diferentes, que poco o nada tienen que ver con lo que le contaron o creía saber. Por eso es muy importante, para facilitarle la tarea, que empiece por usted mismo. Y continúe por sus padres, abuelos…

Es probable que en su búsqueda se encuentre con datos que hayan sido erróneamente transcritos por aquellos que estaban encargados de transcribirlos en los registros. A lo largo de los siglos podemos ver como varía la escritura y las reglas de ortografía empiezan a fijar el orden en la misma. Desde una escritura muy complicada de entender con letras como la bastardilla o itálica, la redonda o, las más usadas, cortesana y procesal de los siglos XV y XVI a la escritura del siglo XVII que sufre importantes modificaciones, haciendo  revalecer principalmente la letra bastarda española con una grafía más clara y legible, quedando el uso de la procesal encadenada, tan solo en el ámbito de los notarios y escribanos hasta casi finales de este siglo. Durante el siglo XVIII es esta misma letra, la bastarda española, la que predominará sobre todas las demás.

A partir del primer cuarto del siglo XIX, con la desaparición de los mayorazgos y los privilegios de la nobleza en 1836, en la llamada “confusión de estados”, se incrementan considerablemente los errores en las partidas, pero aún más con la Ley del Registro Civil del 17 de junio de 1870, en mi opinión esto es debido principalmente a la pérdida de relevancia y sentido que tuvieron los apellidos compuestos en esta nueva sociedad. Esta situación le puede llevar a confusión, probablemente con más razón en Las Merindades y en aquellos descendientes de ellas que pasaron a otras partes de España,ya que muchos de los apellidos de estas tierras son patronímicos compuestos, como es en mi caso con el apellido “Ruiz del Valle” que es frecuente encontrarlo de diferentes formas: sólo Ruiz, sólo del Valle, compuesto como Ruiz- Valle o Ruiz del Valle. Todos estos casos se pueden encontrar en una misma persona a lo largo de muchos de sus registros ya sea de nacimiento, matrimonio y defunción, tanto en el Registro Civil como en los libros parroquiales, una verdadera locura…

Como hemos dicho con anterioridad la ortografía ha ido evolucionando y con ella las reglas que han ido conformando la escritura del castellano. Por ejemplo, es frecuente ver escrito apellidos como Varona, en diferentes formas; con V de Varona; con B, de Barona; con H intercalada, Barahona o Varahona. También el de Gutiérrez de la Cera lo puedes encontrar como Gutiérrez de lacera, Gutiérrez dela Cera o Gutiérrez de la Hacera. En el caso de nombre propios es muy frecuente encontrar, Thomas, Cathalina, Josef o Joseph, Phelipe, Ynes, Ilario, Hilario o Ylario, entre otros. Los archivos civiles son muy útiles para la búsqueda de documentación desde nuestros días hasta aproximadamente 1870 que es cuando se crean. Intentaré responder algunas de las preguntas que seguramente le surgirán ¿Qué puedo buscar aquí? Los certificados literales de nacimiento, matrimonio y defunción. ¿Cómo los solicito? Puede hacerlo por Internet en algunos registros, presencialmente o por correo. ¿Qué datos necesito dar para que me realicen la búsqueda? Nombre, apellidos, lugar y fecha exacta de nacimiento. Recuerde que es muy importante tener todos los datos bien a la hora de solicitar un certificado, ya que el registro puede rechazar la búsqueda si no es exacta. En ciudades grandes como Madrid es necesario poner el distrito donde fue el evento.

Valdivielso es tierra de hidalguía. Numerosos blasones y algunas inscripciones que ayudan a su comprensión presiden muchas de sus casas solariegas. Puente Arenas, Arroyo, El Almiñé o Quecedo son sólo una pequeña expresión de su pasado esplendoroso.

Los naturales de Las Merindades pueden encontrar una importante fuen e documental custodiada en el Archivo Diocesa no de Burgos, gracias a la labor de don Matías Vicario que recogió los libros antiguos de la mayoría de los pueblos de esta provincia y de los que publicó un “Censo-Guía de los Archivos Parroquiales de la Provincia de Burgos”. Le recomiendo que la utilice para iniciar su búsqueda en esta zona, ya que le servirá de base para saber los libros que se conservan en cada parroquia y cuáles son las fechas que comprende cada uno de ellos. El archivo se puede visitar, aunque los horarios son para los muy madrugadores y el aforo es limitado. En todo caso para obtener más información puede ponerse en contacto con el archivo.

Otras fuentes documentales que debe de  tener en consideración al ser de gran valía  para estas tierras, son los libros  sacramentales que se encuentran en la Parroquia de Santa Cruz de Medina de Pomar que datan desde 1534, los de la de las parroquias de Espinosa de los Monteros; Santa Cecilia que conserva libros desde 1581; San Nicolás desde 1624 y Nuestra Señora de Berrueza desde 1607, así como la  parroquia de Villarcayo; Santa Marina, Virgen y Mártir, desde 1545. 

Aprovecho estas líneas para agradecer a los párrocos de estas parroquias, don Julio Alonso, don Lorenzo Carrillo, don Juan Miguel Gutiérrez, on Leandro Andino, don Claudio Lezcano, don Alejandro Ruiz, don Carmelo Olmedilla y don Jesús Castilla por su labor en la custodia y conservación de estos archivos. Es muy importante ser respetuoso con ellos, ya que custodian todos estos tesoros y le serán de mucha ayuda a la hora de acceder a ellos. Cumpla las normas allí donde vaya y sobre todo trate con mucho cuidado y cariño cada uno de los documentos que va a tener entre sus manos. Dese cuenta que algunos tienen cientos de años y se han conservado hasta nuestros días gracias a los que nos precedieron y de nosotros depende que siga siendo así.  

Una vez haya agotado estas fuentes documentales en uno de sus linajes, ya sea porque no se conservan libros más antiguos o por su desaparición debido a la guerra civil u otras guerras o simplemente porque se han quemado, perdido, no desespere que siempre hay más donde buscar, hay tantos antepasados casi como estrellas. Los Archivos de la Administración Local o Estatal son otros recursos a tener en cuenta.

Si su objetivo son Las Merindades existen cuatro archivos que debes tener en tu agenda. Son los del Corregimiento en Villarcayo, el de Medina de Pomar, el de Espinosa de los Monteros y el de Cornejo. Los cuatro son ricos en documentación pero limitados en recursos y, aunque se ha hecho un trabajo magnífico por parte de Recuperación de Archivos, lo cierto es que los medios humanos, económicos y materiales son algo escasos para poder poner a disposición del investigador con las adecuadas garantías de seguridad y conservación, con lo que en muchos casos se ha optado por restringir el acceso.

Otras dos fuentes importantes e interesantes las puede encontrar en Burgos; son el Archivo Histórico Provincial, donde le recomiendo sumerjirse principalmente en los registros notariales, llenos de datos muy interesantes y valiosos para llenar los huecos de la vida de sus antepasados. En el archivo existen índices de escribanos que le servirán de guía. Y no pase por alto, dentro de los protocolos, los “Padrones de la Moneda Forera” que se hacían cada siete años en cada uno los pueblos de estas Merindades, para saber el estado y relación de los vecinos que tenían que pagar al rey este impuesto. Los hidalgos y eclesiásticos estaban exentos. Tan sólo los pecheros u hombres buenos tenían que pagar este tributo. La RAE define pechero como “persona obligada a pagar o contribuir con pecho (tributo)”.

Una vez haya agotado estas fuentes documentales en uno de sus linajes, ya sea porque no se conservan libros más antiguos o por su desaparición debido a la guerra civil u otras guerras o simplemente porque se han quemado, perdido, no desespere que siempre hay más donde buscar, hay tantos antepasados casi como estrellas. Los Archivos de la Administración Local o Estatal son otros recursos a tener en cuenta.

Si su objetivo son Las Merindades existen cuatro archivos que debes tener en tu agenda. Son los del Corregimiento en Villarcayo, el de Medina de Pomar, el de Espinosa de los Monteros y el de Cornejo. Los cuatro son ricos en documentación pero limitados en recursos y, aunque se ha hecho un trabajo magnífico por parte de Recuperación de Archivos, lo cierto es que los medios humanos, económicos y materiales son algo escasos para poder poner a disposición del investigador con las adecuadas garantías de seguridad y conservación, con lo que en muchos casos se ha optado por restringir el acceso.

Otras dos fuentes importantes e interesantes las puede encontrar en Burgos; son el Archivo Histórico Provincial, donde le recomiendo sumergirse principalmente en los registros notariales, llenos de datos muy interesantes y valiosos para llenar los huecos de la vida de sus antepasados. En el archivo existen índices de escribanos que le servirán de guía. Y no pase por alto, dentro de los protocolos, los “Padrones de la Moneda Forera” que se hacían cada siete años en cada uno los pueblos de estas Merindades, para saber el estado y relación de los vecinos que tenían que pagar al rey este impuesto. Los hidalgos y eclesiásticos estaban exentos. Tan sólo los pecheros u hombres buenos tenían que pagar este tributo. La RAE define pechero como “persona obligada a pagar o contribuir con pecho (tributo)”.

En el Archivo de la Diputación de Burgos  le recomiendo la lectura de las Respuestas Generales y, sobre todo, las Particulares, de los libros Raíz del Catastro de Ensenada, que da comienzo en 1749 y que le aportará mucha información relevante a cerca de la vida de sus antepasados, sus hijos, propiedades, profesión… 

Si por casualidad en su búsqueda por Las Merindades se encuentras con algún antepasado hidalgo, y existen muchas probabilidades de que así sea, o con algún caballero de alguna de las órdenes nobiliarias, o algún montero de Espinosa, le recomiendo que busque en  el Archivo de  la Chancillería de Valladolid, principalmente en la sección de la Sala de Hijosdalgo. Allí encontrará Reales Provisiones de Hidalguía, Reales Ejecutorias con documentación genealógica muy valiosa: también puede visitar el Archivo Histórico Nacional en Madrid o el Archivo istórico Nacional, sección Nobleza en Toledo, y para quienes sean del centro-sur peninsular puede resultar muy interesante el Archivo de la Chancillería de Granada. 

Ya abundaré en la Hidalguía en otra ocasión,  pero para su conocimiento, según la Ley 3ª, Título XXI, Partida 2ª de las Siete Partidas del Rey Alfonso X el Sabio, “es nobleza que viene a los hombres por linaje, y por ello deben mucho guardar los que tienen derecho en ella, que no la dañen ni la mengüen, y pues que el linaje hace que la tengan los hombres así como herencia, no debe querer el hidalgo que él haya de ser de tan mala ventura que lo que en los otros se comenzó y heredaron, mengüe o se acabe en él”.

Hay muchos más lugares donde buscar: el Archivo de Indias, en Sevilla, para los que marcharon a América, el Archivo de Simancas en Valladolid, el Archivo Militar de Segovia, el General de la Guerra Civil en Salamanca…, pero eso es para otra ocasión.

 No quería terminar sin hacer una parada e invitarle a descubrir el magnífico patrimonio heráldico que existe a lo largo y ancho de Las Merindades y que aporta una muestra fiel de sus linajes plasmada en las fachadas de decenas de casas solariegas, palacios, torres, portones, tumbas y capillas. Son muchos los escudos de armas que podrá encontrar. La RAE define escudo como “Campo, superficie o espacio de distintas formas en que se representan los blasones de un Estado, población, familia o corporación”. También nos define como blasón “el Arte de explicar y describir los escudos de armas de cada linaje, ciudad o persona”. Al ser una ciencia anexa a la historia aporta mucha información sobre los linajes y costumbres de cada lugar y le será de gran utilidad a la hora de ampliar sus tesoros.

 

 

No entraré en una explicación detallada de la Heráldica ya que esto también lo dejo para otra ocasión pero como muestra, le cometo algunos de los blasones que verás representados en muchos lugares. Los más conocidos son, como es lógico, los de los Velasco y los de Salazar. Los primeros traencomo escudo primigen io “quince jaqueles (cuadros), los ocho rasos de oro, que es el campo del escudo, y los siete de veros (esmaltes que cubren el escudo, en forma de campanillas alternadas, unas de plata y otras de azur (azul en heráldica), y con las bocas opuestas) en cada cuadro o jaquel de estos, hay seis veros de azur enteros, tres encima de los otros tres, de manera que hayen total cuarenta y dos vero s de azur”, años más tarde el sexto Condestable de Castilla y el primero de la Casa de Velasco, D. Pedro Fernández de Velasco y Lara o (Manrique de Lara, que es como lo hubiéramos puesto hoy en día), añadió al escudo una bordura (pieza honorable que rodea el ámbito del escudo por su interior, tomando, según unos, la décima parte de su latitud, y según otros, la sexta), componada de Castilla y León. Tiene probable origen este escudo en el matrimonio de Gonzalo Sánchez de Velasco con Inés de Noreña o Álvarez de las Asturias, importante linaje asturiano que también trae las mismas armas porque desciende de D. Pedro Álvarez de las Asturias, ricohombre de Castilla y mayordomo mayor de Sancho IV, padre que fue de D. Rodrigo Álvarez de las Asturias, conde de Noreña y Gijón y tutor de Enrique II de Castilla. Los Salazar traen en estas tierras “En campo de gules (rojo), trece estrellas de ocho puntas, de oro, puestas en tres palos de cuatro, cinco y cuatro”.

Voy a darle otro ejemplo, en este caso, de cómo familias con un tronco común forman ramas con apellidos patronímicos compuestos y con escudos similares: el de Diez de la Peña, “en campo de azur (azul), fundado sobre un peñasco un castillo con tres estrellas de ocho puntas, de oro, en lo alto y bordura de oro con diez cabezas de hombres, de los del apellido y nombre patronímico de los Diez y como lema “SOLO SATISFACE”. Ejemplos de este escudo se pueden encontrar en la fachada de la casa solar de los Díez de la Peña, sita en Villacomparada de Rueda y en la capilla de los ya nombrados don Pedro Díez de la Peña y su mujer doña María Gómez de Isla, sita en la Ermita de Santa María del Torrentero de Villalaín. Por otro lado tiene a los Ruiz de la Peña “en campo de gules (rojo), fundado sobre un peñasco un castillo con tres estrellas de ocho puntas, de oro, en lo alto”.Ejemplos de este escudo los puede encontrar en la fachadas de las casa solares del Canónigo don Antonio Ruiz de la Peña, la del Cardenal don Pedro Ruiz de la Peña Salazar y la de los Ruiz de la Peña y Ruiz Cachupín, sitas todas en Villanueva la Blanca. También la de los López de Cartes y Díez de la Peña, sita en el palacio de los López de Cartes en Horna. Por último a los Sainz de la Peña que tuvieron casa solar en Soncillo, Valle de Valdebezana, en la hacienda que se llamó Cantimprado, con escudo “en campo de azur (azul), fundado sobre un peñasco un castillo con tres estrellas de ocho puntas, de oro, en lo alto”.

 Ahora que ya tiene su mochila llena, póngase cómodo y disfrute de este maravilloso viaje a lo más profundo de sus orígenes. Tiene garantizado todo un mundo de experiencias por delante que le harán ver las cosas desde otra perspectiva. ¡Suerte! ¡Mucha suerte!

 

Como anexo le pongo los apellidos más renombrados de estas tierras de Las Merindades:

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