Espacios Naturales

El territorio sobre el que se extienden Las Merindades se caracteriza por una naturaleza variopinta y a menudo sorprendente. Buena parte de su superficie se haya protegida por la administración. Los parques naturales de Montes Obarenes – San Zadornil y Hoces de Alto Ebro y Rudrón comparten protección con los monumentos naturales de Monte Santiago y Ojo Guareña, pioneros en la protección en Castilla y León.

La diversidad derivada de la especial configuración geográfica de Las Merindades hacen de este territorio un paraíso natural. Sus espacios naturales protegidos son sólo una muestra de la grandiosidad y riqueza de las Montañas de Burgos.

Numerosos senderos señalizados permiten adentrarse en las entrañas de estos extensos territorios protegidos, en los que el respeto ha de ser llevado al extremo. A lo largo de estos itinerarios es sencillo obtener experiencias irrepetibles.

No hay época más apropiada que otra para visitar estos lugares. Caminar por estos senderos y caminos es siempre un placer. Durante las primaveras miles de orquídeas y de otras especies de flores tapizan los prados y pastizales mientras los bosques se saturan de color.

Los veranos constituyen la estación en la que el hombre toma el protagonismo. Los pueblos, muchos de ellos despoblados durante la mayor parte del año,  se repueblan de veraneantes que se afanan en mantenerlos con vida, aunque sea solo estacionalmente.

Los otoños se visten de tonos ocres, amarillos y naranjas. En los bosques eclosionan hongos y setas y las cumbres comienzan a cubrirse de nieve.

 

El espectáculo comienza.

Este espacio natural protegido recibe el nombre de uno de los complejos cársticos más importantes del mundo, el formado por las cuevas de Ojo Guareña. Aún siendo la cueva su elemento más singular,  el Monumento Natural de Ojo Guareña cuenta con importantes contenidos antropológicos que merecen ser conocidos.

Un antiguo monasterio medieval, el de Santiago Langreriz, del que apenas quedan restos, un hayedo que parece sacado de un cuento, numerosas cuevas, nieblas frecuentes, varias trampas para cazar lobos y una extraordinaria cascada formada por el recién nacido río Nervión…

 

Este extenso y heterogéneo Parque Natural se caracteriza por su tremenda diversidad. Aquí los extensos y sombríos bosques, hayedos, pinares, robledales o encinares parecen no tener fin. El Ebro se ha encargado de labrar paciente los desfiladeros de Sobrón y la Horadada, un espectáculo en si mismo. Pero es que además, sobre este territorio surgió el primitivo condado de Castilla.

Los cañones del Ebro son uno de los paisajes más conocidos de la Península Ibérica. Este parque natural se extiende más allá del río e integra pueblos y rincones que sorprenden por constituir auténticos remansos de paz. Es como si la naturaleza se mostrase en su estado más puro.

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