Ojo Guareña constituye un hito en la espeleología.

 

Sus exploraciones, realizadas a partir de la década de los cincuenta, son sólo comparables a las míticas incursiones realizadas por los pioneros de esta actividad en las profundas cavernas de la Piedra San Martín, en los Pirineos.

El norte de Burgos es una de las zonas con mayor carstificación de España. Sólo Cantabria, Asturias y el sector occidental del pirineo superan la densidad de cuevas de la provincia de Burgos.

Aquí se localizan algunas cavidades de importante desarrollo; conocidas a nivel mundial, especialmente entre las comunidades científicas y afines a la espeleología: Ojo Guareña, Piscarciano o Covanegra son sólo los nombres de algunas de ellas. Sin duda es Ojo Guareña, la cueva de todas las cuevas, la más afamada, además por supuesto, de la más extensa.

Desde los años cincuenta del pasado siglo XX hasta hace apenas una década, Ojo Guareña contó con el mayor desarrollo subterráneo de España. Aún habiendo sido superada en esas fechas, sus ciento diez kilómetros topografiados la confirman como una de las mayores del mundo.

 

Ojo Guareña posee 14 entradas comunicadas. Algunas de ellas muy conocidas por sus espectaculares características. Por ejemplo Dolencias: dos simas paralelas, una de 50 metros y otra cerca de los 30 de desnivel, o Palomera, una entrada de más de 30 metros de anchura que da paso a una rampa de forma laminar por la que se accede con comodidad a la gran cueva.

La gran sala de Dolencias está presidida por dos vertiginosas simas a través de las que la luz exterior penetra en la galería. También la cascada que se precipita al interior a través de un salto de más de cincuenta metros. Uno de esos lugares de la cueva en el que cuando el visitante llega se hace el silencio. Un silencio sólo interrumpido por el continuo estruendo del agua, del Arroyo de Villamartín, al caer por el abismo que le precipita a la oscuridad.

El itinerario turístico permite la visita de diferentes galerías y salas que nos conducen a algunos de los lugares más bellos del complejo cárstico. Entre ellos destaca la sala Edelweiss, que recibe el nombre del grupo que la exploró, o la galería del Teléfono, cuyo nombre deriva de la gran operación internacional OG, “50 kilómetros bajo tierra”, en la que el ejercito de tierra colaboró instalando un cable telefónico hasta uno de los campamentos subterráneos, sito en la sala del Cacique.

Grandes volúmenes, formaciones variopintas y una zona singular conocida con el nombre de los Quesitos, una formación engrosada en su base que marca el nivel máximo del agua.

El Museo de Cera es otro de los lugares legendarios que se puede y se debe visitar.

 

Es uno de los pocos lugares de la visita en los que estalactitas, estalagmitas y columnas se muestran en todo su esplendor, haciendo honor a su nombre.

Esto no es nada más que una muestra, una muy pequeña muestra de lo que la cueva de Ojo Guareña esconde. En la actualidad, sólo son visitables un par de kilómetros que apenas permiten hacerse una idea del potencial espeleológico, geológico y turístico de la cueva.

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