El Castro Valnera

El Castru, como también se le conoce, constituye el objetivo de cientos de montañeros que encuentran en esta montaña un magnífico escenario para la realización de todo tipo de actividades: senderismo, alpinismo, espeleología, esquí de travesía o snowboard. Todo ello en un marco natural privilegiado e incomparable.

El Castro Valnera es la montaña más elevada de Las Merindades. Sus 1717 metros de altitud se alzan sobre la comarca y presiden algunos de sus paisajes más extraordinarios.

El Castro Valnera se halla entre los tranquilos puertos pasiegos de Estacas de Trueba y Lunada, que ponen en contacto las provincias de Burgos y Cantabria a través de las últimas estribaciones de la Cordillera Cantábrica. Son, junto con el de La Sía y el vertíginoso de Picón Blanco, puertos tentadores para los amantes del ciclismo que con frecuencia son visitados por los pelotones profesionales en pruebas como la Vuelta a España o la Vuelta a Burgos.

Puedes descargar el track del itinerario en los siguientes enlaces:

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Su situación, en las estribaciones más orientales de la Cordillera Cantábrica, otorga a esta montaña un aspecto quebrado y alpino,  más propio de otras de mayor magnitud, lo que sin duda contribuye a aumentar su atractivo. También contribuyen a ello los valles pasiegos que preside, sobre los que se asentaron algunos de los glaciares europeos de menor altitud y cuyas  huellas son visibles en multitud de lugares. Y también un modelado cárstico que se concreta en una superficie absolutamente  plagada de torcas, dolinas y  lapiaces y en un mundo subterráneo indescriptible que ha convertido a este territorio en un paraíso para la práctica de la espeleología.

 

No obstante, si hubiera que destacar un aspecto esencial del Castro Valnera, este sería el de presidir un modelo de paisaje absolutamente excepcional y único en el mundo: el pasiego. El mejor modo de entenderlo es comenzar la caminata que aquí planteamos.

Para ello hemos de tomar como referencia Espinosa de los Monteros, la única villa pasiega de Burgos y merecedora de una exhaustiva visita. Desde esta localidad, el paisaje se torna montañés y se caracteriza por la sucesión de extensos prados de diente y siega y de un sinfín de cabañas de piedra y tejados de grandes lajas.

Pasado Las Machorras, un pequeño núcleo que aglutina lo que resta del mundo pasiego burgalés, comienzan los puertos de Estacas de Trueba y Lunada. Es preciso tomar esta segunda opción. Apenas a tres kilómetros una señal de carretera, que curiosamente señala la dirección del Castro Valnera, nos indica el punto de partida de la caminata. Estamos en el comienzo de la pista que nos conducirá al cabañal del Bernacho, uno de los lugares más sugerentes de Las Merindades.

Además de un adecuado calentamiento, la caminata a través de la citada pista constituye un deleite para los sentidos. Pronto comienzan a aparecen los prados y las cabañas que conforman el cabañal de Valnera, un espacio de ocupación estival al que los pasiegos se trasladaban con todos sus enseres en una especie de trashumancia condicionada por las necesidades de las vacas, su medio de vida. Desde Valnera la vista es preciosa: al fondo, a menudo entre nieblas procedentes del Cantábrico, se alza la mole calcárea del Castro Valnera, y a sus pies, entre hayas y fresnos, el cabañal del Bernacho, cuyas extremas condiciones de vida aún son recordadas por algunos de los pasiegos más mayores que en ocasiones ponen ya voz a sus antepasados.

El camino está flanqueado por singulares muros pasiegos que aún nadie acierta a saber cómo se sostienen en pie. Más allá de los prados que encierran se alzan, hacia el sur, los escarpes de las Cubadas, la Grande y la Pequeña, que también ofrecen interesantes itinerarios montañeros.

 Según nos aproximamos al Bernacho las formas delatan su origen glaciar, aunque el modelado cárstico es bien visible en superficie gracias a la gran cantidad de dolinas y úvalas existentes. También aparecen en el horizonte los pasos que nos van a permitir ascender hasta la cima.

Unos metros más arriba (hacia el oeste), ya en el collado de la Hoz, nos topamos con la arista del Castro Valnera por la que, sin pérdida posible, se alcanza la cima con una continua y pronunciada pendiente. Las vistas resultan excepcionales: Desde los Picos de Europa, la Montaña Palentina, la Sierra de la Demanda, los Montes Vascos… Incluso hay quien afirma haber llegado a observar, en días especialmente despejados y limpios, los Pirineos Navarros. En todo caso, disfrutar de la placidez que nos regala la cima es siempre una obligación y reemprender la marcha nos hace echar la vista atrás.

La que, en condiciones normales, es una ascensión sencilla y apta para la mayor parte de las personas con unas mínimas condiciones físicas, en invierno se transforma en una verdadera ascensión alpina en la que las verticales de la cara noroeste (de casi mil metros) imponen respeto. En todo caso, no importa en qué condiciones se afronte el ascenso; la sensación de altura es constante.

Regresar nos ofrece la opción de hacerlo por la misma ruta del ascenso. La perspectiva es absolutamente diferente. Sin embargo y de acuerdo con nuestro plan inicial, lo haremos por el collado de La Canal, en dirección sur, hacia el puerto de Estacas de Trueba, aunque no llegaremos a él. Si la excursión se realiza sin nieve no hay duda posible, ya que la senda está perfectamente definida. Con nieve, la traza debe de tomar rumbo sur,  directamente hacia el collado. Una vez en él, y tras descender un pequeño cortado que ofrece varios pasos seguros, hay que girar hacia la izquierda (NE) para continuar el descenso por la Canal que nos devuelve al cabañal del Bernacho, donde retomaremos el camino que nos conduce a la carretera.

Punto de partida del ascenso al Castro Valnera: El Bernacho

Cerca del Castro Valnera

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