Saltos de agua

Cascadas de Las Merindades

 

Comúnmente se acepta que el fuego hipnotiza. El agua también.

Contemplar las ingentes cantidades de agua que se precipitan por cualquiera de las cascadas de Las Merindades no sólo merece la pena sino que se está convirtiendo en una actividad de moda. Son muchas, y algunas desconocidas dada la dificultad de sus accesos o lo inhóspito de su ubicación.

Los fotógrafos y divulgadores de Soleta PRO, que fueron los primeros en poner en valor algunos de estos saltos de agua, han recorrido incluso el interior de los cursos fluviales que los forman para ofrecer imágenes espectaculares e inéditas de los mismos que han sido reiteradamente reproducidas.

Enmudecer y admirar. Y sentirse pequeño ante tal magnitud.

Las cascadas de Las Merindades son consecuencia de lo quebrado de su relieve y del elevado índice medio de precipitaciones. La proximidad del mar Cantábrico facilita el acceso de los frentes cargados de humedad procedentes del norte y noroeste y cuando éstos chocan con las primeras montañas descargan, a veces con furia, importantes precipitaciones. Sin embargo, durante los estíos, los arroyos y pequeños ríos que conforman las cabeceras de las cuencas fluviales acusan las sequías, cada vez más frecuentes e intensas, y las cascadas pierden su esplendor. A pesar de ello, muchos de los parajes donde se localizan estos saltos de agua gozan de gran calidad paisajística y bien merecen una visita. Nuestro objetivo es aprovechar todo de lo que seamos capaces la diversidad que estas cascadas nos ofrecen: de día, de noche, en otoño, en primavera, en invierno…

Aquel 16 de enero amaneció extremadamente gélido. Óptimo para el objetivo que llevábamos entre manos y que, en aquella ocasión, no era otro que fotografiar la cascada de las Pisas en plena estación invernal. La misión, en apariencia, carecía de dificultad. Sin embargo son tantos los condicionantes que han de darse a la vez que llevábamos varios años intentándolo sin éxito alguno. La noche anterior un cielo despejado, limpio y pleno de estrellas pronosticaba una helada de cuidado.

Y, efectivamente, la primera condición imprescindible se cumplió. Los termómetros señalaban en torno a diez grados bajo cero a nuestro paso por Torme. Más allá, la carretera se había convertido en una pista de patinaje por la que nuestro todoterreno avanzaba con relativa facilidad. El valle del río Trema mostraba un paisaje sublime, quizá más propio de otras latitudes. Cornejo, Quintanilla del Rebollar y por fin Quisicedo. Comienza la aventura.

Luces y… acción: los fotógrafos de visitalasmerindades.es reaccionan con rapidez y el resultado es una amplia colección de instantáneas, algunas de las cuales ilustran esta narración. La emoción nos embarga: el silencio es profundo y sólo es alterado por los ecos del goteo que provoca el escaso deshielo. Nuestras mentes se trasladan… En realidad tienen facilidad para hacerlo. Viajan a un territorio salvaje e inhóspito donde aún es posible sentir la soledad. Y de pronto un ruido atrae nuestra atención: ¡ante nuestros propios ojos un lobo corre tras un corzo! ¿Será un sueño? La secuencia es tan rápida que apenas nos da tiempo a echar mano a las cámaras. En todo caso, la imagen quedará grabada para siempre en nuestras retinas.

Hacia sólo unas pocas semanas que el mismo equipo de visitalasmerindades.es había logrado otro de los objetivos planteados por la redacción: alcanzar, también en invernal, la cascada de la Salceda, conocida también como Guzmantara, y situada en uno de los lugares más apartados e inaccesibles de la merindad de Sotoscueva, en plenos montes del Somo. Un lugar aún frecuentado por el lobo y, aunque pueda parecer exagerado, con muy poca presencia humana.

Enmudecer y admirar. Y sentirse pequeño ante tal magnitud. Estas dos oraciones sintetizan los sentimientos del equipo de fotógrafos y ayudantes que asumieron otro de los retos relacionados con las cascadas de Las Merindades.

“Cuando bajamos de los vehículos no lográbamos ver nada. La oscuridad era casi absoluta de modo que con la inestimable ayuda de las ya cotidianas frontales comenzamos la aproximación hasta la base de la cascada, distante apenas unos cientos de metros. Un estrecho sendero conduce sin pérdida hasta la amplia oquedad que se abre por detrás de la caída del agua. Y allí establecimos la base de operaciones para desplegar trípodes, cámaras y establecer las estrategias de iluminación”.

El rumor del agua cuando rompe contra la formación resulta ensordecedor de modo que, para dar las instrucciones, los fotógrafos se sirven de emisoras. Es importante iluminar con precisión y durante el tiempo estrictamente necesario. Varias horas después, han sido realizadas varias decenas de fotos que testimonian el esfuerzo realizado.

 

La expectación con la que los propios fotógrafos esperan los resultados se ve recompensada con el espectáculo en directo: la visión que los fotógrafos tienen del salto de agua mientras es iluminada por sus ayudantes les fascina. Y mientras repiten una y otra vez hasta dar con el resultado deseado, disfrutan de lo inédito de la experiencia.

Otras cascadas de Las Merindades

Cascada de Peñaladros

Cozuela (Valle de Angulo – Mena)

Cascada de San Miguel

Puerto de Angulo (Valle de Angulo – Losa)

Cascada del Aguasal

Valle de Mena

Cascada del Hijuela

Irús (Valle de Mena)

Cascada del Pozo Guarguero

Puerto de Estacas de Trueba (Espinosa)

Cascada de Tartalés

Tartalés de los Montes (Valle de Valdivielso)

Cascada de El Peñón

Pedrosa de Tobalina

Saltos del Molinar

Tobera (Frías)

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